Programa: Sembrando ConCiencia

Arte verde y sustentabilidad en la ciudad

Desde el acelerado crecimiento de las grandes ciudades a principios del siglo pasado, una incesante mancha gris de per les de acero, cemento y vidrio, establecieron el paisaje urbano de las modernas metrópolis, calles y avenidas en donde el triste monocolor apenas era fracturado por algún parque, y en ocasiones, algunos añosos árboles respetados de la antigua traza de las ciudades, hoy integrados a la vida urbana, pero siempre bajo el riesgo de ser talados por mejorar la vialidad, y eso en el mejor de los casos, si es que no sucumben por intereses comerciales.

Finalmente, el aspecto urbano, debido también en gran parte por las obras públicas, incide en la deforestación de las ciudades, todo esto sin control, ni regeneración ni restitución. El resultado es la degradación, no solamente física del entorno, de la naturaleza, sino también visual.

Los paisajes urbano y cultural suelen ser reconocidos después de haberlos perdido y el efecto no sólo se presenta en la cancelación del equilibrio ecológico, sino que a la vez destruyen también la armonía de la vida comunitaria.

La protección del paisaje va mucho más allá de una simple actitud conservadora, sino que va en beneficio de nuestra propia calidad de vida y consecuentemente de la sociedad.

En la Ciudad de México, en el año del 2003, realizó el primer inventario de áreas verdes. De acuerdo con datos generados a partir de dicho registro, la cobertura vegetal del entonces Distrito Federal era del 20.4% del suelo urbano, cabe aclarar que este dato incluye tanto áreas verdes públicas como privadas, además de pastizales, lo que equivale a 15.1 metros cuadrados por habitante, pero si se consideran solamente las zonas arboladas –a las que se atañe mayores bene cios ambientales– el número promedio por habitante baja drásticamente de 15.1 a 8.4 metros cuadrados de área verde por habitante.

Nuevas estimaciones señalan, no obstante, la despoblación que ha sido sujeta la demarcación capitalina; para nales de la presente década la super cie arbolada apenas superará en promedio los 5 metros cuadrados de área verde por habitante.

El contraste por zona todavía es más dramático: en la delegación Miguel Hidalgo, donde se localiza el Bosque de Chapultepec, se cuentan 12.5 metros cuadrados de área verde por habitante, mientras que, en Iztapalapa, al oriente de la ciudad, se cuenta tan sólo con 0.6 metros.

La protección del paisaje va mucho más allá de una simple actitud conservadora, sino que va en beneficio de nuestra propia calidad de vida y consecuentemente de la sociedad.

Muros Verdes verticales

En este orden de ideas y dada la galopante carencia de áreas verdes en el paisaje urbano de nuestras ciudades, diversos arquitectos diseñaron los llamados Muros Verdes que representa una gracia visual y estética, pero también representa grandes bene cios a la salud. Son una fuente natural de mayor convivencia natural en un entorno dominado por el cristal y acero. Actualmente existen una gran cantidad de muros verdes que se extienden por gran parte de la Ciudad de México, incluso en algunas vías rápidas. Está de más mencionar el costo de instalación, equipo y mantenimiento tanto de riego como de poda, dadas las características de su locación, debido a la altura y bombeo del agua es sumamente costoso.

En el prontuario de los términos ecológicos existe una constante, la sustentabilidad. Una de nición establece que la sostenibilidad o sustentabilidad, en términos objetivos, signi ca satisfacer las necesidades de las generaciones actuales, pero sin afectar la capacidad de las futuras generaciones, y en términos operacionales, promover el progreso económico y social respetando los ecosistemas naturales y la calidad del medio ambiente. Por extensión se aplica a la explotación de un recurso por debajo del límite de renovación de éste.

Por ello, en el preciso concepto del término sustentable, que tanto preocupa a los ambientalistas, un muro verde natural difícilmente lo sería.

Muros Verdes Artificiales

Muchos ambientalistas con seguridad pondrán el grito en el cielo, “muros verdes sintéticos, qué contra sentido”, sin embargo, desde hace tiempo los muros verdes sintéticos son parte importante de la arquitectura sustentable, buscando optimizar recursos naturales y sistemas de la edificación de tal modo que minimicen el impacto ambiental de los edificios sobre el medio ambiente y sus habitantes, pero privilegiando el paisaje urbano, con todo lo que ello representa.

El plástico per se no es lo que contamina, lo que contamina es su mal tratamiento y el desperdicio. Se utilizan elementos reciclados y que, una vez terminada su vida útil estimada de cuatro años, el material es reciclado nuevamente.

Los muros verdes sintéticos proporcionan una estética similar al jardín vertical vivo, pero sin mantenimiento, menor inversión y con un sencillo método de conservación. Por otro lado, la salud mental y física están muy relacionadas con la protección y conservación del paisaje, especialmente en los grandes centros urbanos.

Las ventajas de los muros verdes sintéticos son múltiples ya que son elaborados con material plástico de la más alta calidad, resisten la intemperie, son lavables, impermeables, cortan el viento, disminuyen la contaminación auditiva y cuentan con protección solar UV. Se pueden instalar fácilmente en cualquier muro, valla o instalación ofreciendo diseño y estética, además son libres de mantenimiento.

Actualmente los desarrollos de los muros verdes verticales van más allá de la simple simulación, convirtiendo los muros en verdaderas obras de arte mediante el concurso de expertos diseñadores que, mediante la mezcla de texturas y tonos, logran una experiencia, no de “jardines plásticos” sino que es en realidad un arte para decoración de exteriores.

Incluso estas aplicaciones de los muros verdes sintéticos ya se han utilizado en áreas públicas urbanas, como es el caso de los túneles que conectan a la zona corporativa de Santa Fe con Interlomas. La prueba fue superada con éxito, a pesar de ser una zona suburbana con situaciones de vandalismo y deterioro urbano, el jardín vertical sintético hasta la fecha ha sido respetado, luego de un año, lo anterior con rma que el arte es un lenguaje universal que permite sacar lo mejor de las personas, aunque esto sea sólo el respeto.

Tiempo de recordar una vieja novela escrita por Richard Llewellyn: “Que verde era mi valle”. Ahora es tiempo de aplicar y decir, “Que verde es mi valle”.